Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños. Es una cosa que pasa cada cierto tiempo, algo así como anualmente, aunque a ciertas edades parece que va de lustro en lustro, por lo menos de cara al público. A mí en realidad ni me va ni me viene, más bien me sobreviene. Y aún así ya es la vigésimo cuarta vez que llama a mi puerta. Yo, que tampoco quiero ser maleducado, le abro sin problema. Casi sin preguntar. Dicen que con el tiempo es mejor dejar la puerta abierta de par en par y ahí los años van entrando sin que te des cuenta. Los hay, sin embargo, que se pasan la vida atisbando por la mirilla, no sea que se acerque un año más y les pille por sorpresa y sin arreglar. Yo por ahí sí que no paso. Si tiene que venir que venga, pero tampoco me voy a maquillar. Si acaso, preparo una ración de alpiste para amenizar la velada, que eso es muy de bar que da la bienvenida “pero no te quedes mucho”. De todos modos, en un año vendrá el siguiente y tampoco es cuestión de que este se acomode. Podremos charlar, si cabe, de cómo ha sido su predecesor y en qué me va a cambiar el recién llegado, pero tampoco me obsesiona. Puede que los años, que vienen ellos tan dispuestos, se muestren dolidos o afectados pero les doy poca importancia. Celebraré siempre que pase el tiempo antes que el refugio en “cualquier pasado fue mejor”.

Yo salgo el 15-O

La primera vez que me dejé caer por una gran manifestación fue cuando jaleábamos aquello de “nunca máis”. Entonces, salimos a la calle a protestar porque la mala gestión de unos cuantos llenó, literalmente, de mierda nuestras costas. Nos quejamos porque decidieron —por no querer decidir otra cosa— pintar Galicia de negro. Hoy, que ya se sabe que todo se repite, saldré de nuevo a la calle a protestar porque a otros tantos se les ocurrió recuperar los pinceles y la pintura negra para quitarle color a mi futuro. Decía Edgar Degas eso de que “un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un criminal comete un crimen”, y aquí parece que nosotros solo somos los personajes del lienzo.

A mí lo de pintar nunca se me dio muy bien, aunque pienso que los que llevan los pinceles bien pueden dibujar mejor y situarnos en un paisaje más amable. De ahí que hoy vaya a salir a la calle, una vez más, para exigir un cambio. Los motivos son muchos y variados y ya los han desarrollado muchas personas antes y mejor de lo que yo podría hacerlo. Lo único que reclamo es una nueva forma de pintar. Que me devuelvan el color.