Hay dos Calgary

Vernon hay dieciséis. Uno en Canadá, doce en Estados Unidos y tres en Francia. Justin Vernon, que yo conozca y que haya encontrado, uno. Buen invierno en francés es bon hiver. Buenos inviernos hubo, hay y habrá bastantes, o eso es algo que se espera. Y Vernon que haya llegado a Bon Iver a través de bon hiver, también hay uno. Calgary, aunque digan que es mentira, hay dos. Uno es el de Bon Iver y otro el de Antónia Font. El de Bon Iver es uno de sus primeros singles. El Calgary de Bon Iver es el de «teach our bodies», es el de la cara B de I Can’t Make You Love Me, que es en realidad de Bonnie Raitt. Es una versión, así que las dos I Can’t Make You Love Me son las de «morning will come, and I’ll do what’s right». El Calgary de Bon Iver es el de la cara B de I Can’t Make You Love Me, que es en realidad de Bonnie Raitt, y es también el de la cara B de Nick Of Time, de nuevo una canción de Bonnie Raitt. El Nick Of Time de «you opened up my heart again and then much to my surprise». Calgary hay dos. Uno es del de Bon Iver y otro el de Antónia Font, que es Joan, es Pau, es Pere, es Jaume y es Joan. Su Calgary es el Calgary del 88, el de los XV Juegos Olímpicos de Invierno. Es el Calgary de la pareja que baila «aquesta melodia moderna a una pista de gel». El de la «cançó per megafonia» que es Atlantis is calling (S.O.S. for love), de Modern Talking. El Atlantis is calling de «there’s a chance».

Los lunes que son otro día

Vaya si me gustaban los lunes. Esos lunes en los que no lo hacíamos, nos hacía, que decía Cortázar. Esos principios de final de fiesta que duraron hasta que se aplicó una reforma estructural. Me gustaban los lunes. Los lunes en los que se bebían uvas aplastadas y los lunes en los que tú te vestías y yo siempre quería desvestirte. Me gustaban demasiado los lunes que no eran lunes, que eran final de semana. Los lunes que casi parecían viernes. Me gustaban y no es que ahora me parezcan mal, qué demonios, me siguen gustando los lunes. Los lunes que vuelven después de siete días de descanso. Y los que se quedan en viernes más. Y hacerlo o dejarnos hacer, pero que se haga. Me gustaban los lunes porque parecían días cualquiera. Me gustan los lunes que son viernes. Los lunes en los que tecleo lunes pero en realidad ocultan un viernes. Esos en los que tú te vistes y yo siempre quiero desvestirte.

El mejor de los tiempos

Olga Rodríguez publica Yo muero hoy, un ensayo sobre las revueltas árabes. Leo en el prólogo un fragmento de la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens: «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la estupidez, era época de fe, era época de incredulidad, era estación de oscuridad, era primavera de esperanza, era invierno de desesperanza, teníamos todo ante nosotros, nada teníamos frente a nosotros». En El Crack Up, Scott Fitzgerald habla, entre otras cosas, de cómo se recuperó después de una profunda depresión. Una persona que formó, de algún modo, parte de su vida y cuyo nombre era Job le dijo en su día: «¡Escucha! El mundo sólo existe a tus ojos… La idea que tienes de él. Puedes hacer que sea tan grande o tan pequeño como quieras». Cojamos las primeras opciones de Dickens y de Job.