Otoño

Hace unos días J. me dijo que debía dejar de centrarme tanto en Bon Iver y escuchar más a Robert Mitchum, que fue actor pero también cantaba. Mitchum era un tipo con un mentón reconocible y que tenía tres expresiones y dos formas de actuar: «Mirando a la izquierda, mirando al centro y mirando a la derecha; con o sin caballo». Un día, un director le comentó que necesitaba un personaje que fuese «un demonio y un hijo de puta». Mitchum, con la expresión mirando al centro y la forma de actuar sin caballo, respondió como un bachiller: «¡Presente!» Anoche fui al cine. Es martes 28 de agosto y falta poco menos de un mes para que termine la estación verano y comience la estación otoño. A mí siempre me gustó más la estación otoño, quizás porque nací en ese contexto, por las hojas caídas, por el frío, porque no soy mucho de ropa de verano. No sé si la Gran Vía es de hoja perenne o caduca. Escucho a Antonio Vega, que le cantó al otoño madrileño en una de esas tres mil noches con Marga. «Quiero escuchar crujir las hoja al andar». Félix Romeo, un bonachón al que solo tuve la suerte de leer, soñaba con la idea de regentar un cine en versión original. A él también le gustaba el otoño. Se murió un siete de octubre. Un otoño «incipiente y caprichoso», en palabras de un colega suyo. En su último artículo en el Heraldo de Aragón, que tituló Diversión, hablaba de José Antonio Labordeta y citaba un verso de Federico García Lorca que a este le gustaba mucho: «El otoño vendrá con caracolas…» «I miss you most of all, my darling, when autumn leaves start to fall». Eric Clapton.

Madrid. 28/08/2012. 15.38.

Jeux d’enfants

De vuelta a casa, en la calle Atocha, hay una pareja liándose dentro de un Ferrari. De 0 a 100 en tres segundos, y al contrario. Yo escucho Airbag, supongo que por eso de protegerse de los golpes. Ya se sabe. Todo esto es un poco jeux d’enfants, terrible algunas veces. Una ciudad un poco dividida y la historia, al menos por ahora, consistiría en salvar el puente. La peligrosa interrupción de nuestra conversación, que dijo Botho Strauss y que recuperó Lois Pereiro para esa última Conversa ultramarina. Les echo un vistazo a mis pulseras, un álbum improvisado de recuerdos con filtro cuero. Cumplen esa función y también disimular la delgadez de mis muñecas. Skinny. Skinny Love. «No te salves». Mario Benedetti. «No te duermas sin sueño». Son las 05.36 de la mañana. Benedetti estaba en lo cierto, hay que dormir con sueño. Y hay que dormir con sueños. «Táctica y estrategia», eso ya es más complicado, Mario. Releo textos que tenía guardados, algunos que publiqué en un blog borrado. «Y si no hay más sombra que noche, por qué asombra a la soledad la noche». He estado en un bar de Malasaña. Han pinchado el vinilo de The Wall, de Pink Floyd, que busqué durante años y acabé comprando en una tienda en Dublín. Sonó The show must go on, y otras tantas. «Will I remember the songs?». Nunca me cansaré de Roger Waters y los suyos. Herencia familiar. Un diálogo de la película Un ladrón en la alcoba: «-Tiene que ser una maravillosa cena para dos. Quizá no probemos bocado pero ha de ser maravillosa. -Entendido, barón. -Y, camarero… -¿Sí, barón? -¿Ve esa luna? -Perfectamente, barón. -Quiero esa luna en las copas. -Sí, barón. La luna en las copas». Veo la luna. No está llena, tampoco sé si cuarto creciente o qué, pero tiene poco más de una mitad visible. El lado visible de la luna. Por internet hay otras traducciones del diálogo de la película. «Quiero la luna en el champagne». Oasis cantaba Champagne supernova. «A champagne supernova in the sky».

Madrid. 26/08/2012. 05.50.