Lecturas

Descubro que Jimmy Barnatán tenía un blog en El Mundo. Leo: «Tomando un párrafo de aquí, otro de allá, mezclando, no agitando, en una buena coctelera aderezada con alcohol barato, y trucando a mi antojo un par de sentencias, reivindico este dos de septiembre, así, como quien no quiere la cosa, mi derecho al ocio. Nuestro derecho a la pereza, […] que ya vendrá el departamento de recobros a despertarnos, un sábado cualquiera de mediados de mes, a las ocho de la mañana». A toda noche, se llamaba el espacio. Agosto fue mes de luna azul, de traspiés en los socavones de una acera en La Latina, de rodillas maltrechas. Cosas de ciudad. «In this city, I got nothing to fear». Lo canta un grupo que conocí hace poco, Iglu & Hartly, aunque siempre que los busco escribo Starsky y Hutch. En FronteraD, Ander Izagirre escribe sobre escritores, valga, de viajes. Por qué se marchan. Le digo que su artículo me recuerda a Into the wild. «Es una lectura peligrosísima», dice. «Leí el libro y luego lo guardé dentro de un tupper en el congelador». Y es verdad. Cuando se leen o ven este tipo de historias a uno le entran ganas de mimetizarse. De viajar, que no siempre es lo mismo que escapar, aunque a veces ayude el imaginarlo. Christopher McCandless se fue hacia rutas salvajes. A Everett Ruess le dio por entrar en el desierto de Utah acompañado únicamente por dos burros. «Society, you’re a crazy breed». Eddie Vedder. Estos días he vuelto a escuchar a The Velvet Underground, en especial aquella canción, Pale Blue Eyes, que Lou Reed escribió para una chica de ojos color avellana. Fue, quizás, la canción más personal de Reed. La primera vez que se la enseñó a su colega y guitarrista del grupo Sterling Morrison, este le espetó: «Si yo escribiera una canción como esta, no te obligaría a tocarla». Cuando estuve de prácticas en La Voz de Galicia intenté entrevistar al cantante en un viaje que hizo a Compostela. Solo me gané un bufido.

Madrid. 03/09/2012. 02.34.