Esto es España

España superó los seis millones de parados y yo, por aquello de vivirlo de cerca, me enteré mientras me apuntaba al paro, una hora antes de sacar el pasaporte y dos de cruzarme con una exnovia acompañada de un tipo mayor que yo. España es esto: apuntarse al paro, sacarse el pasaporte y cruzarse con alguien a quien le va mejor que a ti. Si no recuerdo mal, un amigo, en el monólogo de una obra de teatro, afirma acertadamente que no existe eso que llaman destino y que, de hacerlo, bien nos vendría no confiar en él. Es verdad. Si así fuera, en todo caso, sería un individuo perezoso, alcohólico e insomne, que te dejaría hacer solo por no levantarse de la cama. No hace falta contar con un destino, bien podemos cagarla nosotros mismos sin necesidad de culpar a la ayuda de manos etéreas. Diez meses antes de aquel día, de apuntarme al paro, de sacar el pasaporte, de cruzarme con una exnovia acompañada de un tipo mayor que yo, rechazaba, qué ingenuo, la posibilidad de un buen contrato en un programa de televisión para participar, no me arrepiento, en la fundación de un nuevo medio digital.

Ese día en el que me apunté al paro, saqué el pasaporte y me crucé con una exnovia acompañada de un tipo mayor que yo, advertí lo de los seis millones de parados leyendo la portada del medio digital en el que había estado trabajando hasta ese momento. Esto es España, y como escribió Lope de Vega, quién lo probó lo sabe.

Beber agua

Hubo una noche en la que, sin yo saberlo, únicamente bebí tónica. Me acuerdo bien y no me extraña, que con tónica es harto complicado el olvidar. No es que hubiera optado por ingerir tónica sin condimento, ese que se llama Ginebra, sino que el tipo que regentaba el garito se tiró tanto tiempo decorando una copa que yo, con las moderneces de esta España ya pasada, pensé que aquella botella de Schweppes venía ya mezclada. Y así, insisto, sin yo saberlo, sucedió lo mismo que aquel día en el que un colega se creyó colgado tras fumar una pastilla de Avecrem. Me imaginé más borracho que Bogart y empecé a existir, que decía Hemingway que uno no era, de ser, hasta que estuviera ebrio. Sea como fuere, fue la noche más barata de mi vida y nadie me quitará la falsa pérdida de inhibiciones. Quizás la clave del ahorro pase por colmar de agua las botellas de Hendrick’s.