Carnaval

La estación de Chamartín, los viernes, más que una colección de andenes, es la antesala de algún tipo de éxodo, a saber cuál, quizás sean solo ganas de alejarse. Hoy, viernes y carnaval, había tanta gente en Chamartín que si alguien todavía guarda ganas de ponerse a delinquir, debería pasarse el fin de semana por Madrid. La gente, que también soy yo, se va de donde sea en carnaval porque al final el carnaval es también un irse un poco de uno mismo. Yo nunca fui mucho de disfraces. Al final, todos vestimos siempre algún que otro antifaz, qué sé yo, de freelance vendeloquepuede, por ejemplo. Quizás un buen artificio, ahora, sería el de morador de una vivienda en la que el cuarto fuera estancia separada. Hay solo un lugar, a mi entender, que es muy poco y a veces ni siquiera, en el que nos mostramos sin prenda que nos disimule y ese sitio es la cama, aunque también en esto los hay que todavía follan con caretas.