El rey

Me entero por la prensa, bueno, me entero, a quién quiero burlar, leo en la prensa que puede que uno de los motivos por los que el rey decidió abdicar es la soledad, que era casi una tortura comer solo en La Zarzuela. Y yo ahí pienso que si lo suyo es tortura, lo mío y lo de muchos como yo, que comemos en habitáculos de cuánto, ¿30 metros cuadrados?, ha de ser una suerte de Guantánamo. Pero es que además de los manjares en el mayor de los desamparos, el fin de semana y los puentes eran para el monarca un suplicio. Vaya, que va a resultar que Juan Carlos sangraba la corona como si de un cilicio se tratase. Ahora, que yo lo del tedio por lo larguísimo de los puentes lo entiendo, porque hasta para mí uno de 39 años se haría eterno, por mucho que venga regalado. El rey, leo en la prensa, insisto, está agobiado, sufre un algo que debe asemejarse a una angustia, a una congoja, porque desconoce cuál será su sustento una vez abandone el cargo, y para mí que lo que padece es en realidad un miedo indecible a trabajar, no tanto por pereza como por absoluta falta de práctica. Sucede que el rey quiere ser rey aun cuando vaya a dejar de serlo. Es como si a mí, que me abdicaron, me pagaran todavía el sueldo por aquello de no dejarme en la estacada, y ese, no nos engañemos, es un envite que solo los tesoreros del PP saben apostar. Leo, en definitiva, en la prensa, la sentencia “el rey no tiene derecho a…” y lo percibo casi como una súplica aguda para que no permitamos que se vea atraído por el aislamiento y la apatía, por dios, que será según el ministro de Defensa quien decida cuándo ascenderá Leonor a jefa suprema de las Fuerzas Armadas. Leo, además, en la prensa, que el rey es una suerte de superhéroe en retirada. Cumplió su misión, dice la prensa, quería un país libre y democrático, lo consiguió, prosigue la prensa, y por eso se va, concluye la prensa. Si es que somos unos miserables, unos vasallos ingratos por apuntar a aquellos que lucharon contra el fascismo por delante de aquel que en su día prometió cumplir con los principios del Movimiento Nacional. Somos, intuyo por la prensa, una ciudadanía deshonrosa y codiciosa, por buscar más democracia que la que nos ofrece una institución heroica. Somos, parece querer decir alguna prensa, un pueblo abyecto tan sólo por pensar que la justicia persiste en las zanjas y no en una corona hereditaria.