A ti, militante

Hay palabras que no deberían significarse por sí solas, que esconden más de lo que pretenden ocultar, que ciudadana y ciudadano no deberían encarnar solamente la naturalidad de un lugar o de qué sé yo qué espacio físico, que ciudadana y ciudadano personifican toda acepción de activista y militante. Por eso toda preocupación al final nos es ajena, aunque seamos nosotros, sin saber por qué, incapaces a veces de no hacerla próxima, de no sentarnos a su lado a conversar acerca de qué busca transmitirnos. Porque no hay preocupación. Porque tú, y el tú es todas, es vosotras y es vosotros, tú no tienes que encubrir tus miedos, absurdos muchas veces, por un asunto únicamente relacionado con la pertenencia a este sitio o a aquel otro. Porque somos lo que somos, y cómo era que decía aquello, porque fueron, somos, y porque somos, seremos. Y no somos el lugar que nos ocupa, acaso la gente que nos acompaña en dicho cargo, sea cual sea. Somos. Y punto. Sin ambages, y que ladren, que cabalguen, que quieran aplastarnos, que nos da igual, porque no cejaremos en el trote, lento, paso a paso y con la calma que nos regala saber que estamos en lo cierto. A ti, que no llevas años perteneciendo, que la militancia, digan lo que digan, no tiene contrato de permanencia, no dudes, no temas, no dejes que se inmiscuya en tu racionalidad el que eres dónde estás, porque nunca hubo nada tan incierto. No somos dónde estamos. Estamos porque somos. Y seguiremos estando allá dónde estemos, sin dejar de ser. Estarás, siempre, en los portales, en las plazas, en diminutos locales, en amargas oficinas, en la calle, en casa. Y en los bares. Qué haríamos sin los bares. Se equivocaba Bogart, no es París lo que nos queda, es aquel garito de la esquina, aquel sitio que cobijará nuestras conversaciones clandestinas. Si hubiera un lugar que no debería vernos apartados no es aquel otro que el espacio en el que resuena el eco de nuestras voces, quizás no siempre al unísono, puede que haya momentos en que sean discordantes, que se escapen del ritmo que nos gustaría, y sin embargo irían juntas, sonando como suenan las olas cuando colisionan con la arena, y sabes qué, la espuma no será más nuestra, será suya, escupirán espuma porque qué importa desde qué lugar si nuestras voces se funden en un clamor que, más allá de la superficie de la que disponga, aboga por lo mismo. Que no te atemorice la idea de los años en los que has pertenecido, porque nada nunca nos poseerá, acaso un pensamiento colectivo. No sientas que has malgastado una lucha en un lugar que ahora habita otras estancias, porque, escucha, construimos pasillos, nos turnamos en la concepción de túneles que no sé a dónde van, y qué importa, si es por eso que luchamos. Porque las entradas que instauramos hoy son las salidas que inauguraremos mañana, cuándo sea. Somos avituallamiento, y eso seremos. No tenemos miedo, por qué, porque nos gusta, nos divierte… Y qué diablos, porque hemos nacido para esto.

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