Reflexión

He perdido la cuenta del número de discursos que he leído y escuchado en las últimas semanas, hasta Reagan los tenía buenos, qué actorazo. Por qué, por nada, para presentarme aquí un poco vehemente y soltar prácticamente una suerte de homilía que convenciera a confesos y sedujera a vacilantes. He leído demasiadas palabras complejas y escuchado voces con manido trasfondo intelectual. Tonto de mí. Hablaba el otro día con mi hermano y no tardé mucho en descubrir que, en esta ocasión, no son tan importantes los grandes sermones. El discurso, el de mi hermano, no anexionaba relatos leídos en tomos de final desconocido. El discurso, el de mi hermano, disertaba sobre algo que para unos pocos quizás pueda resultar algo trivial, la vida, que es tanto en tan poco. Hablábamos de pasta, guita, de los cuartos, que decían nuestros abuelos. Me dijo así: a final de mes, con suerte y después de los pañales, nos quedamos con una moneda de cinco céntimos. Sigo sin entrecomillado pero esto es suyo. Si en la última compra del mes me quedan 100 euros, los gastamos en lugar de los 90 euros habituales, permitiéndonos, así, disfrutar de unos helados, una empanada de atún… Alguna vez nos sobran 10, quizás 15, de los cuales 5 van al túnel de lavado y 10 para gasoil. Todo esto calculando siempre la última semana, en caso de que no haya bombona nueva. Si esta está a punto de acabarse, gastamos 80 en la compra y 20 van a la bombona. No hay entrecomillado de cierre, sigo yo. Le pregunto si le supone un problema que le destape un poco en estas letras. No, me dice, de hecho, me dice, di también que hace meses que no compramos ropa ni juguetes para los niños, que para eso necesitamos esperar a la paga extra, porque con lo que pagamos de alquiler, luz, bombona, coche… Lo que queda es para comida. Termina: no vamos al peluquero, el pelo se corta en casa. Tras esto, comenzó una disertación sobre la variación entre los precios de la leche, los yogures, unos flanes, también zumos. Entro yo, y ahora entrecomillo: “Claro, ahora os toca control al milímetro”. “Ya te digo. Pero si le preguntas a Rajoy no, te dirá que estamos bien”.

Lo bueno, hermano, es que mañana a quien preguntan es a ti.

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